viernes, 18 de julio de 2014

Descubrimiento del fuego


El origen del fuego.


Los restos arqueológicos mas antiguos al respecto indican que la especie humana Homo Erectus, antepasado del Homo Sapiens actual, conocía el uso del fuego hace 1.600.000 años.

El Homo Erectus no tenía la capacidad del lenguaje (habla),sin embargo el uso del fuego habría permitido una sociabilización antes ausente, es fácil imaginar una tribu de Homo Erectus rodeando una fogata a fin de mantener la seguridad del grupo, defenderse de los ataques de animales, protegerse del frio ,etc

En sus comienzos, el mayor problema era cuidar ese fuego que llevaban a las aldeas y mantenerlo encendido. Todavía no sabían encenderlo ni alimentarlo con combustibles.
Se sabe que hace un millón de años el fuego servía para defenderse, para cocinar o para alumbrar los refugios de piedra.

Cuando entraban en posesión del fuego era probable que nuevamente lo perdieran. Y había que esperar que otra vez la naturaleza les brindara la oportunidad de volver a conseguirlo.

No obstante, según las evidencias de Swartkrans, Sterkfontein y las cuevas de Kromdai, la producción de fuego se hizo de manera intencionada hace 1.300.000 años. Siempre se ha pensado que el fuego pudo controlarse y producirse hace 800.000 años. Por lo que si se confirmara esto, se entendería que los antepasados del hombre moderno podrían producir fuego medio millón de años antes.

El primer método de encendido supone que fue el del frotamiento de una punta de palo seco sobre un mismo punto de una madera seca. 

Otro similar consistía en frotar una liana en una ranura efectuada en la madera.

El más común fue el de rotación de una punta de palo sobre una madera.

También se logró encender mediante chispas producidas con piedras que contengan piritas de hierro.

Además del encendido, se debió resolver el problema de dónde encender y conservar el fuego: sobre piedras, en cavernas, enterrado en un pozo, enterrado en un hueco revestido con piedras.

Descubrir el fuego equivale a domesticarlo. En algún momento, Homo erectus aprendió a localizar algún objeto ardiendo en los límites de un incendio natural, a mantener viva la llama alimentándola con prudentes cantidades de combustible cuando mostraba señales de extinción, y a hacer buen uso del fuego.

Ignoramos cómo sucedió. Personalmente, creo que todo empezó cuando los niños quedaron fascinados por las llamas. A causa de su curiosidad hiperactiva y de la falta de experiencias amargas acerca de lo que sucede cuando uno se quema, pudieron sentirse más inclinados que los adultos a jugar con el fuego. Cabe la posibilidad de que el adulto más próximo apartara al niño de la hoguera y la apagara con los pies. Por otra parte, debió de llegar el tiempo en que un adulto más audaz que la mayoría considerara la ventaja de continuar el juego con una finalidad más útil.

El empleo del fuego cambió por completo la vida humana. Ante todo, procuró luz en medio de la oscuridad y calor en todo momento. Esto hizo posible extender la actividad a la noche y al invierno, lo que revestiría especial importancia en un período glacial, de manera que Homo erectus pudo alcanzar regiones más frías.
Desde luego que con el fuego, por sí solo, uno se ve condenado durante el tiempo frío a no apartarse del hogar, pero una sociedad de cazadores podía fácilmente aprender a desollar un animal, limpiar la piel y envolverse en ella. En este sentido, la piel animal reemplazarla el pelo que los seres humanos hablan perdido.

El fuego también era útil como protección contra otros animales, incluidos los más fieros. Una hoguera en el interior de una cueva o dentro de un círculo de piedras mantendría alejados a los predadores. Podían gruñir y merodear por las inmediaciones, pero si no se mostraban lo bastante inteligentes como para mantenerse alejados del fuego, les bastaba con una sola experiencia de lo que significaba su proximidad. Por lo demás, ahora Homo erectus podía acarrear ramas encendidas para levantar la caza, provocar estampidas y conducirla hacia las trampas o los despeñaderos.

El fuego también hizo posible cocinar el alimento, lo cual es más importante de lo que pueda parecer. La carne es más tierna y sabrosa si se asa. Más todavía: el fuego extermina los parásitos y bacterias, con lo que hace más segura la ingestión de la carne. El fuego vuelve asimismo muy comestibles los vegetales, de otro modo inútiles para la alimentación. Pruebe a comer arroz fresco en su tallo, o cualquier cereal crudo, y comprenderá lo que puede hacer una breve exposición al calor de una hoguera.







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