sábado, 12 de julio de 2014

Descubrimiento de la escritura


Primeros atisbos de la escritura: los dibujos 
Los testimonios más antiguos de lenguaje escrito los encontramos en las tabletas de piedra sumerias, encontradas en la Baja Mesopotamia y que datan del año 3.500 antes de nuestra era;  se trata de documentos de carácter administrativo y contable referentes a los impuestos que se había de pagar al templo.
Aunque es probable que ya antes hubiera formas primitivas de escritura, es indudable que la escritura sumeria tuvo su origen en las exigencias propias de la economía y administración públicas.
Con el aumento de la productividad del país, como resultado de los sistemas de canalización y de irrigación inspirados por el Estado, el exceso de la producción agrícola acumulada tuvo que conservarse en los depósitos y silos de las ciudades, lo que exigió llevar una contabilidad de los productos que ingresaban en la ciudad, así como los manufacturados que salían para el campo.




Estas primeras inscripciones sumerias corresponden a dibujos más o menos esquemáticos de los objetos a los que designaban.  Esta primera forma de escritura se llama pictográfica.  La escritura ideográfica, en la que cada signo o grupo de signos expresa una idea, está muy próxima a la anterior, hasta el punto de que no se suele hacer distinción entre ellas.
La escritura pictográfica es, al menos en un principio, fácil de interpretar, sobre todo cuando los signos se parecen a los objetos designados: un barco, un sol, una espiga, un pez. Este tipo de escritura ha sido empleado por numerosos pueblos primitivos hasta hace poco; entre otros por los esquimales y por los  indios de América del Norte.
Con el tiempo, los escribas sumerios comenzaron a registrar no sólo ideas, sino también sonidos. Combinaron signos y formaron palabras; se parecía a los jeroglíficos de los pasatiempos en los periódicos actuales. Por ejemplo el signo de "sol” y el signo de "dado" forman la palabra  "soldado'. Fue un avance significativo y decisivo pues luego apareció la escritura fonética.
Parece ser que la necesidad de escribir más aprisa condujo a los escribas sumerios a adoptar los signos cuneiformes (en forma de cuñas). Se imprimían con una caña cortada a bisel, en tabletas de arcilla cruda que después se cocían.
La escritura cuneiforme es más esquemática que la escritura ideográfica primitiva. A partir del milenio III antes de Cristo la escritura sumeria se extendió entre diversos pueblos mesopotámicos (acadios, babilonios, asirios), pero siempre conservó su doble carácter pictográfico y fonético.
También la escritura de los antiguos egipcios adquirió este doble carácter. Apareció poco después de la escritura sumeria: hace unos 5.000 años.  Sus signos se llaman jeroglíficos (de las palabras griegas hieros, "sagrado", y glyphein, "grabar") y eran considerados por los egipcios como la palabra misma de los dioses.
 
Champollion y la piedra de Roseta

El francés Jean-François Champollion (1790-1832) fue uno de los más insignes egiptólogos (especialista en el Egipto antiguo). Él se consagró desde muy joven al estudio de las lenguas antiguas (latín, hebreo, griego y después coto, persa árabe, sirio arameo...) antes de interesarse por esta civilización. Él resolvió el secreto de los jeroglíficos.
Los jeroglíficos egipcios tenían un aspecto muy decorativo y fueron más evocadores que los caracteres chinos y que los signos cuneiformes sumerios.
Sin embargo, al poder representar tanto una idea como un sonido, fueron muy difíciles  de interpretar: ello explica que se tardase tanto tiempo en descubrir la clave de la escritura egipcia.
En 1799, un miembro de la expedición napoleónica descubrió en Rosetta, cerca de Alejandría, una losa de basalto con tres inscripciones que se remontaban al año -196.  Una inscripción estaba grabada en escritura jeroglífica; otra, en demótico (otro sistema de escritura egipcio), y la tercera en griego (idioma que Champollion conocía).
              Como la inscripción griega sugiere que se trata de un mismo texto redactado en tres idiomas distintos (un texto en honor del faraón Ptolomeo V), se pensó que la piedra de Rosetta podía conducir al desciframiento de los jeroglíficos, que hasta entonces eran un auténtico enigma.  Se sacaron copias de las inscripciones y se enviaron a Francia, donde Champollion se entregó a su estudio desde 1808.
Con la ayuda del texto griego, descubrió los jeroglíficos que formaban el nombre del faraón: Ptolmys. Más tarde logró determinar, en un obelisco descubierto en Filé en 1815, los signos que formaban la palabra Cleopatra. 
Y, a partir de los signos comunes de estos dos nombres (P, 0 y L), consiguió establecer las equivalencias de los demás.  Había sido develado el secreto de los jeroglíficos y, con él, el de toda una civilización.

Hacia el alfabeto
Hace más de tres mil años, los fenicios, un pueblo de marineros y comerciantes que vivían en lo que hoy es el Líbano, tenían ya un alfabeto. Constaba de sólo veintidós signos consonánticos, con lo cual la escritura se simplificaba enormemente.  Eran signos de valor puramente fonético.  Permitían escribir ya cualquier palabra.
Los fenicios difundieron el alfabeto por todo el Mediterráneo y lo adoptaron muchos pueblos.
Por ejemplo, los griegos, que le añadieron los signos vocálicos. Los etruscos lo legaron, modificado, a los romanos, y éstos lo propagaron entre los pueblos de su imperio.
Tras una larga evolución, el alfabeto latino ha llegado hasta nosotros; el alfabeto griego dio origen al cirílico, utilizado aún hoy por los eslavos, entre ellos los rusos.

Legado de roma: el latín
El latín era la lengua oficial del gobierno y la administración romana. Se extendió por todo el Imperio.
Durante la Edad Media fue la lengua oficial de los estados occidentales. Se convirtió en el idioma oficial de la Iglesia Católica y se mantuvo como la lengua culta hasta el siglo VIII.  Idiomas como castellano, portugués, italiano y rumano, derivan de él.
La lengua castellana se fue diferenciando a medida que España creció política y militarmente, y asimiló elementos de otros dialectos, especialmente del mundo árabe. Actualmente, conserva muchas semejanzas con el latín en sus aspectos básicos, pero, contiene profundas diferencias.
En los conventos se conservaron las tradiciones de pureza, honradez y elevación moral del mundo clásico.Un puñado de monjes copistas, llamados así porque copiaban los textos, se dedicaba a estudiarlo y transcribirlos; lo hacían en los antiguos manuscritos de hermosa caligrafía, adornados con maravillosas policromías en miniatura y que guardaban en sus bibliotecas.
 Las primeras escrituras conocidas fueron inventadas por los egipcios y los mesopotámicos durante el milenio -IV, es decir, hace aproximadamente cuatro mil años a.C. La escritura de los egipcios es llamada jeroglífica y la de los habitantes de Mesopotamia cuneiforme.
Eran sistemas muy completos pero, tan complicados que su interpretación, lograda por los europeos hace poco más de un siglo, costó ímprobos esfuerzos. Todavía en lenguaje corriente solemos decir, refiriéndonos a una cosa que nos cuesta mucho comprender, que es un jeroglífico. Sin embargo, en su origen, esas complicadas escrituras debieron ser muy elementales.
Al principio, los signos fueron sólo dibujos de objetos, y su finalidad era referirse a esos objetos o expresar una idea fácilmente sugerida por su contemplación. Así, por ejemplo, el dibujo del disco solar podía significar el Sol, pero también la idea de día. Dos flechas con sus puntas opuestas podían sugerir la idea de guerra.


Esta manera de escribir, rudimentaria y simple, es conocida con el nombre de escritura pictográfica, o sea escritura pintada.
En Egipto y Mesopotamia, las primitivas escrituras también fueron pictográficas, pero luego esto cambió fundamentalmente.
Los signos dejaron de ser representación del objeto dibujado o de una idea que a él se vinculara para expresar, en cambio, el sonido de la palabra correspondiente a ese objeto. El dibujo, del disco solar ya no representó al Sol, o al día, sino al sonido de la sílaba sol.
En consecuencia, para escribir las palabras soledad, solución, soldado, debería emplearse en primer término el signo del Sol, el cual, en este caso, ya no tendría valor como dibujo pictográfico de una cosa, sino como expresión de un sonido. Puesto que los signos valen como sonidos, se llama a este sistema de escritura, escritura fonética (de fonos, sonido), este cambio señaló un cambio extraordinario, porque a partir de ese momento las escrituras jeroglífica y cuneiforme tendieron a ser lo que es la nuestra: una representación de los sonidos que emitirnos al hablar.
El empleo de los signos fonéticos fue el invento creador de la verdadera escritura. Porque antes sólo podían representarse cosas o ideas, mientras que en adelante, con la combinación de signos fonéticos, pudieron escribirse las palabras.
Sin embargo, los sonidos representados por jeroglíficos y cuneiformes eran sonidos complejos, equivalentes a nuestras sílabas.
Quedaba pues, un gran progreso a realizar, reducir el número de signos a los estrictamente indispensables para representar los sonidos más simples que puede modular la garganta humana.
Esto fue obra de los fenicios, pueblo comerciante de Oriente, que hacia el año -1000 inventó el primer alfabeto, del que, a través de griegos y romanos, deriva el nuestro.

La escritura egipcia
Los egipcios escribían con una pequeña caña puntiaguda, mojada en una especia de tinta que se preparaba con agua, goma y algunas sustancias vegetales que le daban el color. Usaban como papel los tallos de una caña, el papiro (de ese nombre ha derivado nuestra palabra papel), que crecía abundantemente en las orillas del Nilo.
Las inscripciones en las paredes de los monumentos y las tumbas eran, por lo general, grabadas o pintadas; los egipcios se preocupaban en tales casos de que los signos fuesen ejecutados con mucha precisión y exactitud. En cambio, cuando se escribía sobre papiro no se respetaba esa minuciosidad en el dibujo y así se fue desarrollando un tipo, de escritura popular más simple, diferente de la otra, como son diferentes, entre nosotros, la escritura a máquina y a mano.
La escritura jeroglífica fue usada en Egipto durante más de 3 000 años. Pero los conquistadores que sucesivamente dominaron esas regiones orientales, trajeron otros sistemas de escritura e hicieron caer en desuso y en el olvido los viejos signos jeroglíficos. Esta situación se mantuvo hasta principios del siglo XIX, en que los jeroglíficos fueron descifrados por el francés Champollion.
Champollion encontró la clave de los jeroglíficos estudiando las inscripciones contenidas en un bloque de piedra hallado en la localidad egipcia de Roseta, que databa de la época en que los griegos dominaron el antiguo Egipto, es decir 2 000 años antes. Contenía una inscripción redactada en tres escrituras: 1, jeroglífica; 2, popular, o sea jeroglífico simplificada; y 3, griega. Las tres inscripciones correspondían, así, a dos lenguas. La egipcia, desconocida, y la griega, conocida. Era común, durante la dominación griega, que los decretos reales se escribieran simultáneamente en lengua egipcia, con signos egipcios simplificados o complejos, y en lengua griega, con signos griegos.

La escritura mesopotámica
La escritura mesopotámica es conocida con el nombre de cuneiforme porque los signos que la componen tienen la forma de una cuña o de un clavo (cuneus). Esto signos en forma de cuña son pues, muy diferentes de los jeroglíficos egipcios, los cuales representan generalmente animales y cosas. Los signos cuneiformes fueron también originalmente dibujos de animales y cosas, pero perdieron paulatinamente esa forma debido a que se escribían sobre pequeñas tabletas de arcilla blanda, que luego se endurecían por cocción. En ellas se grababan los signos con una especie de punzón de caña o de hueso.
Al escribir de ese modo era más fácil combinar líneas rectas que trazar la curva de un contorno. Por ello, se fue simplificando poco a poco el signo primitivo, reduciéndolo a una combinación de caracteres rectos, horizontales, verticales y oblicuos, cuyo aspecto de cuña se explica por la forma de la base del punzón y por la manera de apoyarlo sobre la tableta (con más fuerza al empezar el signo, para hendir la arcilla).
La escritura cuneiforme se generalizó, y fue empleada no sólo por los pueblos de Mesopotamia, sus inventores, sino también por los de Siria, Palestina, Asia Menor y Persia.







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