La
primera guerra mundial
La Primera Guerra
Mundial fue un acontecimiento bélico internacional que, iniciado en Europa en
agosto de 1914, no sólo llegó a convertirse en una "guerra total"
sino que trascendió al ámbito mundial cuando intervinieron en ese conflicto
naciones situadas en otros continentes. Por primera ocasión en la historia de
la humanidad, una lucha armada incluía países muy alejados geográficamente;
además su evolución y desenlace dejaron una secuela de cambios trascendentales
que afectaron al mundo entero. Sin embargo, hasta antes de 1945 este fenómeno
histórico fue conocido como la "Gran Guerra" y no sería hasta después
de ocurrida la Segunda Guerra Mundial cuando se hizo necesaria la distinción
numérica secuencial entre ambos conflictos. Por su magnitud y consecuencias, la
Primera Guerra Mundial constituye una profunda brecha que separa el siglo XX de
todo lo que le precedió, no obstante que sus orígenes se encuentran, por
supuesto, en los hechos del pasado inmediato.
El 3 de agosto de 1914 era ya un hecho la primera guerra mundial, el
ministro británico de asuntos exteriores Edward Grey se hallaba frente a su
ventana de su despacho y veía sobre Londres el crepúsculo, entonces pronunció
unas palabras que se han hecho famosa: "En toda Europa se apagan ahora las
luces: puede suceder que jamás volvamos a verlas encendidas".
Su predicción se cumplió, la guerra que entonces empezaba significó la
muerte de la vieja Europa, el final de los viejos tiempos el desmoronamiento
definitivo de una concepción del mundo. Esta guerra, que tendría que haber
puesto fin a las guerras, dio origen a nuevos enfrentamientos, a nuevas
guerras. El conflicto fue provocado en Sarajevo, el 28 de junio de 1914 cuando
el heredero del trono austro-húngaro, el archiduque Francisco Fernando cayó
víctima de un terrorista serbio. Pero como es natural, las causas de la guerra
eran más profundas, consistían fundamentalmente en 3 antagonismos:
1.- Entre Alemania y Francia, en forma de una
enemistad reactivada por la derrota francesa de 1871, y la pérdida de
Alsacia-Lorena.
2.- Entre Alemania e Inglaterra, competencia en
el terreno de la industria de la política colonial y del rearme marino.
3.- Entre Austria-Hungría y Rusia, por el
dominio de los Balcanes.
El conflicto militar que comenzó como un enfrentamiento localizado en el
Imperio Austro-Húngaro y Serbia el 28 de julio de 1914; se transformó en un
enfrentamiento armado a escala europea cuando la declaración de guerra
austro-húngara se extendió a Rusia el 1 de agosto de 1914; Finalmente, pasó a
ser una guerra mundial en la que participaron 32 naciones. Veintiocho de ellas,
denominadas aliadas o potencias asociadas y entre las que se encontraban Gran
Bretaña, Francia, Rusia, Italia y Estados Unidos, lucharon contra la coalición
de los llamados Imperios Centrales, integrada por Alemania, Austria-Hungría,
Imperio Otomano y Bulgaria.
La causa inmediata del inicio de las hostilidades entre Austria-Hungría y
Serbia fue el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Habsburgo,
heredero del trono austro-húngaro, cometido en Sarajevo el 28 de junio de 1914
por Gavrilo Princip, un nacionalista serbio.
No obstante, las causas profundas del conflicto remiten a la historia
europea del siglo XIX, concretamente a las tendencias económicas y políticas
que imperaron en Europa desde 1871, año en el que fue fundado el II Imperio
Alemán, y este Estado emergió como una gran potencia.
Entre 1914 y 1918 se desarrolló en Europa la mayor conflagración hasta
entonces conocida. Motivada por conflictos imperialistas entre las potencias
europeas, la "gran guerra", como se denominó originalmente a la
primera guerra mundial, implicó a toda la población de los estados
contendientes, así como a la de sus colonias respectivas.
Se puede decir entonces que el origen de la primera contienda mundial debe
buscarse en la existencia de dos grandes bloques antagónicos: la Triple Alianza
(Alemania, Imperio austro-húngaro e Italia) y la Triple Entente (Francia, Gran
Bretaña y Rusia), aunque su causa inmediata fue el asesinato en Sarajevo del
archiduque Francisco Fernando de Austria el 28 de junio de 1914. Viena, que
consideraba con recelo el engrandecimiento de Serbia, se apresuró a culparla
del magnicidio y exigió satisfacciones como preámbulo de su declaración de
guerra el 28 de julio. Rusia, erigida en campeona de los países eslavos frente
a Austria, proclamó la movilización general, mientras Alemania, que había dado
seguridades a su aliada para una ayuda total en caso de conflicto con Rusia,
envió un ultimátum a este país, y otro a Francia como advertencia y más tarde
la declaración de guerra a ambos países.
Por su parte, Inglaterra, que vacilaba en comprometerse con sus aliados,
reaccionó al exigir Alemania a Bélgica paso libre para sus tropas.
CAUSAS DE LA I GUERRA MUNDIAL
La causa inmediata que provocó el estallido de la primera guerra mundial
fue, como ya sé mencionó, el asesinato del archiduque de Austria-Hungría,
Francisco Fernando, en Sarajevo Serbia, el 28 de Junio de 1914.
Los verdaderos factores que desencadenaron la I Guerra Mundial fueron el
intenso espíritu nacionalista que se extendió por Europa a lo largo del siglo
XIX y comienzos del XX, la rivalidad económica y política entre las distintas
naciones y el proceso de militarización y de vertiginosa carrera armamentística
que caracterizó a la sociedad internacional durante el último tercio del siglo
XIX, a partir de la creación de dos sistemas de alianzas enfrentadas.
El nacionalismo
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La Revolución Francesa y las Guerras Napoleónicas habían difundido por la
mayor parte del continente europeo el concepto de democracia, extendiéndose así
la idea de que las poblaciones que compartían un origen étnico, una lengua y
unos mismos ideales políticos tenían derecho a formar estados independientes.
Sin embargo, el principio de la autodeterminación nacional fue totalmente
ignorado por las fuerzas dinásticas y reaccionarias que decidieron el destino
de los asuntos europeos en el Congreso de Viena (1815). Muchos de los pueblos
que deseaban su autonomía quedaron sometidos a dinastías locales o a otras
naciones. Por ejemplo, los estados alemanes, integrados en la Confederación
Germánica, quedaron divididos en numerosos ducados, principados y reinos de acuerdo
con los términos del Congreso de Viena; Italia también fue repartida en varias
unidades políticas, algunas de las cuales estaban bajo control extranjero; los
belgas flamencos y franceses de los Países Bajos austriacos quedaron
supeditados al dominio holandés por decisión del Congreso.
Las revoluciones y los fuertes movimientos nacionalistas del siglo XIX
consiguieron anular gran parte de las imposiciones reaccionarias acordadas en
Viena. Bélgica obtuvo la independencia de los Países Bajos en 1830; la unificación
de Italia fue culminada a cabo en 1861, y la de Alemania en 1871. Sin embargo,
los conflictos nacionalistas seguían sin resolverse en otras áreas de Europa a
comienzos del siglo XX, lo que provocó tensiones en las regiones implicadas y
entre diversas naciones europeas. Una de las más importantes corrientes
nacionalistas, el paneslavismo, desempeñó un papel fundamental en los
acontecimientos que precedieron a la guerra.
El imperialismo:
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El espíritu nacionalista también se puso de manifiesto en el terreno
económico. La Revolución Industrial, iniciada en Gran Bretaña a finales del
siglo XVIII, en Francia a comienzos del XIX y en Alemania a partir de 1870,
provocó un gran incremento de productos manufacturados, por lo que estos países
se vieron obligados a buscar nuevos mercados en el exterior. El área en la que
se desarrolló principalmente la política europea de expansión económica fue
África, donde los respectivos intereses coloniales entraron en conflicto con
cierta frecuencia. La rivalidad económica por el dominio del territorio
africano entre Francia, Alemania y Gran Bretaña estuvo a punto, desde 1898
hasta 1914, de provocar una guerra en Europa en varias ocasiones.
La expansión militar:
Como consecuencia de estas tensiones, las naciones europeas adoptaron
medidas tanto en política interior como exterior entre 1871 y 1914 que, a su
vez, aumentaron el peligro de un conflicto; mantuvieron numerosos ejércitos
permanentes, que ampliaban constantemente mediante reclutamientos realizados en
tiempo de paz, y construyeron naves de mayor tamaño. Gran Bretaña, influida por
el desarrollo de la Armada alemana, que se inició en 1900, y por el curso de la
Guerra Ruso-Japonesa, modernizó su flota bajo la dirección del almirante sir John
Fisher. El conflicto bélico que tuvo lugar entre Rusia y Japón había demostrado
la eficacia del armamento naval de largo alcance. Los avances en otras áreas de
la tecnología y organización militar estimularon la constitución de estados
mayores capaces de elaborar planes de movilización y ataque muy precisos,
integrados a menudo en programas que no podían anularse una vez iniciados.
Los dirigentes de todos los países tomaron conciencia de que los crecientes
gastos de armamento desembocarían con el tiempo en quiebras nacionales o en una
guerra; por este motivo, se intentó favorecer el desarme mundial en varias
ocasiones, especialmente en las Conferencias de La Haya de 1899 y 1907. Sin
embargo, la rivalidad internacional había llegado a tal punto que no fue
posible alcanzar ningún acuerdo efectivo para decidir el desarme internacional.
De forma paralela al proceso armamentístico, los Estados europeos
establecieron alianzas con otras potencias para no quedar aisladas en el caso
de que estallara una guerra. Esta actitud generó un fenómeno que, en sí mismo,
incrementó enormemente las posibilidades de un conflicto generalizado: el
alineamiento de las grandes potencias europeas en dos alianzas militares
hostiles, la Triple Alianza, formada por Alemania, Austria-Hungría e Italia, y
la Triple Entente, integrada por Gran Bretaña, Francia y Rusia. Los propios
cambios que se produjeron en el seno de estas asociaciones contribuyeron a
crear una atmósfera de crisis latente, por la cual el periodo fue denominado ´´Paz Armada´´.



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